jueves, 26 de enero de 2017

Punto final

Viví mi duelo. No te engañé. A lo mucho me deje llevar por esos oídos que sí me escuchaban, por esos pies que decidieron caminar conmigo mientras yo hablaba de ti, desmenuzaba mi tristeza y tomaba pastillas. Incluso después del primer beso, el que sucedió cuando tú y yo habíamos terminado, me pregunté si debía aceptar la compañía. Viví mi duelo entre el enojo y la depresión. Es probable que no haya visto tus acercamientos sutiles o directos; es probable que necesitara algo más, quizá una fotografía que me hiciera recordar lo felices que podíamos ser. Me rompiste, me rompí como pocas veces. Durante poco más de un mes guarde tu última carta, aquella en la que me decías que no podías pasar una depresión más conmigo, en la que me echabas en cara el que nunca te apoyé, pero sí te menospreciaba. Leerla cada día fue la manera en que me mantuve decidida a terminar contigo. Te amé, y te amo, lo mejor que podía hacer era asumir que no había más para vivir. Sin embargo, no fue fácil evitar la despedida. Aquel día en que te fuiste huí de la casa y lloré, me repetí que era lo correcto, leí tu carta por última vez. No ha sido sencillo dar por terminado un sueño de familia y de pareja, concluir con casi cinco años de luchas, triunfos y derrotas... Hay que decir que durante un tiempo lidié con la culpa por ser yo la que terminara a mitad de una crisis... pero hoy puedo decirte que no hice nada malo, que me equivoqué de algún modo y que tú te equivocaste también, que me amo y te amo, que me perdoné y que cuando pienso en ti lo hago con amor, con perdón. Fueron años intensos. Me habrían encantado que continuaran, tener la fortaleza de seguir, pero las momentos pasan sin que podamos tener pleno control de cómo. Lo que sí es que me descubrí como nunca antes, en positivo y en negativo. Gracias.

domingo, 17 de julio de 2016

Confesión

Te querré en los recuerdos, pese a que en el presente no haya más "tú y yo". Ahora, hoy, en este mismo instante, no quiero que nadie, por muy efímero que sea, me incomode o duela. Muchos menos yo misma. 


domingo, 29 de mayo de 2016

Borrones

Físicamente sola. Así necesitaba estar. Y sin embargo, tu ausencia me duele. Lastiman las cosas que soñamos, el amor que sentimos y lo que no pudo madurar. 


domingo, 22 de mayo de 2016

Dios

Te he buscado, te he hablado, pero no logro escuchar tu voz. Necesito algo, una señal de que has oído mis plegarias. Ahora mismo estoy confundida si necesito la soledad o la compañía. En momentos cierro los ojos y me imagino sola, meditando en un cuarto de luz inmensa, como si en realidad la habitación fuera la tierra entera, y siento una especie de paz y vacío a la vez. En otros momentos, pienso que la soledad terminará por arrollarme metafóricamente, pero con tal impulso que será casi literal; y creo que no lo soportaré. 
En cualquier caso, ambas situaciones me hacen preguntarme ¿he estado ya ahí? ¿Acaso he estado en esa habitación de inmensa luz amarilla? ¿Acaso la soledad ya me arrolló y salí molida a rastras? Por favor, ayuda.