Recuerdo hace años los domingos que papá nos daba a Caro y a mí, Friza aún no nacía, eran $10 pesos. Alguna vez tan grande cantidad la cambié por un libro pequeño, de pastas de cartón de galletas y hojas naranjas de mal calidad, de poesía. Una antología llamada Poemas breves, mi favorito era uno que ahora ya no recuerdo, hablaba (de acuerdo a dos interpretaciones mías) de la guerra y del amor, de la cárcel y la libertad. "Una rosa crece en la celda más polvosa", al menos por ahí va esa frase recordándome que nunca más logré conseguir otro ejemplar de esos.
Me pasaba horas recitándolo en la sala de estar, en el comedor, en la cocina, en el baño, en la ducha, en la cama antes de dormir como oración a Dios o a la Virgen de la cabecera, incluso en las clases de matemáticas o en las de jazz, cuando anotaba una canasta en el básquet. Ese poema me marcó. Luego seguí comprando libros y escribiendo…
Desde hace unos días, después del trabajo, leo Todo para los Dioses de Sergio Fernández, un viejecito descomunal que conocí hace un año y más. No es largo ni alto, por el contrario es pequeño en el sentido físico, pero con una mente brillante, una forma de escribir y de reírse fulminante. Vive en San Ángel, en “Los Empeños” una casa abrazante con gatos y figurillas llenando las paredes. Es Doctor Honorable, vive locamente la vida. Es un joven viejo con una mente en uso. Cuando estuve frente a él yo temblé, sabía muchos menos que ahora y bastante, bastante menos que él siempre.
“Amar es un hecho concreto, un verbo que enuncia la condición de entregar el cuerpo y al propio tiempo su interior, llámese conciencia, alma, espíritu”.
Pita amor le decía: Eres un volcán al que se le cubre con una servilleta. Yo le dije: Me da miedo, tan pequeño pero feroz. Y él sonrío por primera vez en toda esa entrevista. No me destrozo, al menos ese día.
Ahora creo saber por la calle que camino. Ya no me gustan los poemas cursis, me gustan más los fuertes, los que te marcan como tatuaje por siempre, los de odio amor con el odio más grande, de locura y economía del lenguaje, los que galopan rápido y desbocados, los que te dejan exhausta después del orgasmo mental. Sí, así soy. Eso es todo lo que necesito para vivir. Una sintaxis zapoteca, una métrica más básica e innovadora que larga y cansada, no se aceptan las redundancias, no se acepta decir te quiero dos veces si no lo muestras, si no lo firmas, si no lo sellas con un beso veneno.
La poesía en particular, la literatura en general, más por casualidad que por curiosidad, es, desde ese primer libro de diez pesos hasta hoy, lo que me hace sacar las agallas y abrocharme apretado el brassier para salir a la calle, para reírme, para decir ya no te quiero, para llorar y maldecir, para saber que me gusta más la libertad de amar a muchos que a uno solo… cuando menos en el imaginario, cuando menos para hacerme interesante.
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sábado, 24 de mayo de 2008
Guarida
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martes, 18 de septiembre de 2007
Piensa-ME
Existimos porque alguien piensa en nosotros, no al revés.
lunes, 21 de mayo de 2007
News-week
Antes que nada gracias a quienes me felicitaron por acá, por mensajero, por teléfono, por celular, por correo... gracias a quienes me dieron abrazos, besos, a quienes me mandaron buena vibra desde sus hogares al otro lado del mundo.
Y pues me he ausentado un poco, sólo un poco, pero verán que esto se pinta rechido diría alguien por ahí y pues yo he estado más que feliz y tranquila. Hay personas que antes se fueron y ahora han regresado. En un momento me puse a la defensiva, pero a quién engaño, me ENCANTA que hayan vuelto, que me digan las cosas como les vienen, que me demuestren y digan que me extrañan. Tampoco voy a ilusionarme, ni a crearme un cuento que está bien mi necedad de ser Cuenta Cuentos pero hay un corazón y una psique que cuidar ¿no?...
Abrazo y acá pongo mis recientes compras...

martes, 9 de enero de 2007
Adquisición
Me compré un libro.
El cartero de Neruda de Antonio Skármeta
... sólo por 10 pesos mexicanos, un dólar.
¡¡Que bella es la vida cuando te da estos momentos!!
miércoles, 20 de diciembre de 2006
Sobre la manos
Diego estoy sola. Diego ya no estoy sola: Frida Kahlo
Ésta que ves, mirándote a los ojos, es un engaño. Bajo los labios que jamás sonrien se alinean dientes podridos, negros. La frente amplia, coronada por las trenzas tejidas de colores, esconde la misma muerte que corre por mi esqueleto desde que me dio polio. Mira, véme bien, porque quizá sea ésta la última vez que me veas, Mira mis ojos de vigilia y sueño, obsérvalos, nunca duermo o casi nunca, atravieso los días y las noches en estado de alerta, capto señales que otros no ven, mirame, yo soy el martillo y la mariposa que se congela en un instante como lo dijo Ignacio Aguirre, el pintor, mi amante. Siempre he despertado de la fiebre nocturna empavorecida pensando que me morí durante el sueño. ¿Ves mis manos cuajadas de anillos? Estas manos las beso, las reverencio, no me han fallado, han seguido las órdenes de mi cerebro, mientras mi cuerpo entero me ha traicionado. En esta piel que me envuelve, la linfa, la sangre, la grasa, los humores, los sabores están condenados desde que tengo seis años. Mi cuerpo ha sido un judas y en México a los judas los quemamos, estallan en el cielo, quedan reducidos a cenizas. Todos los años, cada cuaresma, cada viernes de Semana Santa, la misma ceremonia: la quema de judas en recuerdo a la traición. Las manos que ves trenzaron mi cabello largo, negro, y clavaron flores en mi cabeza; así el poeta Carlos Pellicer pudo escribir "estas toda clavada de claveles", estas manos que ves han enlazado a Diego, han podido echar el rebozo sobre mis hombros, han acariciado el pecho femenino de Diego, mi sapo-rana, han tomado "el pezón de la mujer deseada", han jalado la manta para protegerme del frío, pero sobre todo han detenido el pincel, mezclado el color en la paleta, dibujando mis pericos, mis perros, mis abortos, el rostro de Diego, mi nana indígena, el contorno de las caritas de los hijos de Cristina mi hermana, las cejas de mi padre, Guillermo; han escrito cartas y un diario, han enviado recados amorosos, me han hecho pintora. Las manos que ves tomaron la tijera y cortaron mi pelo, regaron los cabellos largos al suelo, me vistieron de hombre, me abotonaron la bragueta y escribieron la canción: "Mira que si te quise fue por el pelo, ahora que estás pelona ya no te quiero".
Todo lo pinté, mis labios, mis uñas rojo-sangre, mis párpados, mis ojeras, mis pestañas, mis corsés, uno tras otro, mi nacimiento, mi sueño, mis dedos de los pies, mi desnudez, mi sangre, mi sangre, mi sangre, la sangre que salió de mi cuerpo y volvieron a meterme, los judas que me rodean, el que cuida de mi sueño en la noche, el judas que me habita y no dejo que me traicione. Al pintarlos no los exorcizaba, nunca quise exorcizar a nadie, ni a nada. Supe desde niña que si exorcizaba mis demonios sería india muerta.
Monólogo recreado por Elena Poniatowska, escritora mexicana.
Pa la sick/pelada...
miércoles, 6 de diciembre de 2006
De amantes y libros
Hablando de mujeres ayer le dije (a otra, claro está) que ya no quiero verla, que no estoy preparada y que nunca más lo estaré. No quería, se negó a verme porque dice sabía que eso iba a pasar y no podía, sin embargo, y no por mi gusto, se la solté en el teléfono... no dijo nada, pero después me llamó varias veces, mensajes. Yo no respondo.
Pero no todo fue contra mí hoy. En la mañana, como a eso de las once me fui a una librería (dónde venden libros) y un éxtasis total. Pilas, pilas, pilas y pilas de libros de antropología, literatura universal, psicología, arte, fotografía, gastronomía, cine, poesía, geografía, infantil... etc., y me puse a pensar que con la inmensidad de aquello, con todos esos libros y con los títulos del mundo entero no está escrita ni la décima parte de las historias que hay danzando en el universo esperando ser contadas. Yo iba por uno de Michoacán (estado, región, zona, aldea de México) en la época prehispánica cuando me encuentro con dos libreros de madera fina con letreros rojos y blancos PERIODISMO, "Soy de aquí" muscite. Cerré los ojos, di una vuelta sobre mi eje y con el dedo índice (corazón e instinto abierto) señalé un libro, para mi sorpresa el "elegido" fue El laberinto checheno de Anne Nivat, periodista y corresponsal en Moscú. Yo soy FANATICA de los libros de guerra así que eso fue para mí una señal divina, pues mi meta es cubrir un conflicto de esas magnitudes en cálidad de enviada especial. No lo dude, abrí las pastas y esa cara en blanco y negro me convulciono, Anne parece pequeña, pequeña y diminuta, indefensa... "¿A poco no es maravilloso cuando la vida te da estos regalos?", le dije al policía de Fondo de Cultura Ecónomica, "¿Verdad que sí", y él me miraba entre sonriendo y serio, quizá nunca había visto una loca como yo.
Al rato me ví en Palacio Postal enviando el libro de Michoacán a María en España. Después me ví leyendo la guerra de un país que me parece misterioso, seco, frío...
En definitiva los buenos amantes siempre serán:
LOS LIBROS
LA MÚSICA
Y UNA COPA DE VINO
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