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viernes, 26 de septiembre de 2008

Autogol y la mala suerte

Autogol, eso fue, dicen, lo que marcó la diferencia. Como siempre, por muy bien o muy mal que jueguen al futbol lo que cuenta son los goles. Para nuestra poca fortuna, ahora no sólo tenemos un país tambaleante, también un equipo de soccer para llorar que culpa a la "mala fortuna".
"Perdimos porque hubo mala suerte, un error que terminó en gol, pero en general, el equipo se vio bien", dijo el titular de la Selección Mexicana frente a Chile, Guillermo Ochoa.
La única esperanza, para muchos pero no para mí, de hacer algo bien es llegar cuando menos al mundial, a jugar en Sudáfrica. México, cuentan las malas lenguas, se viene preparando para eso, para dar una palmadita sobre la espalda mientras el pasaje sube, los alimentos suben de precio, la vida cuenta más, la educación es todo menos lo que debería, la inseguridad y hay una crisis ¿en las que sobrevirián sólo los más fuerte$?
Fernando Castañeda Sabido, Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, señaló que México es el país de Latinoamerica más dependentiente de Estados Unidos. "El país no ha aprovechado su relación ni el Tratado de Libre Comercio que signó con la Unión Europea", dijo en el V Encuentro Interuniversitario de Estudios Europeos.
Y eso no da muchas garantías, sin embargo, el espectáculo futbolístico "debería" quitarnos las malas sensaciones. Oh decepción de la gran mayoría de mexicanos, a ver si eso les hace voltear acá a donde no hay copas de oro pero sí una vida para procurar.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La casualidad más inspiradora de ayer

Por destino, volví a ver V de Vendetta. Hace un tiempo esa película me removió el polvo que tenía, hoy le veo sentido a lo que vivo como ciudadana. No pierdo las esperanzas de vivir en un lugar con más paz y amor.





Fragmento "Carta de Valerie":

Sé que no hay forma de convencerte de que este no es otro de sus trucos, pero no me importa yo, soy yo. Me llamo Valerie, no creo que viva mucho más y quería contarle a alguien mi vida. Esta es la única autobiografía que voy a escribir y ¡dios!, la estoy escribiendo en papel higiénico. Nací en Nottingham en 1985. No recuerdo mucho mi infancia pero si recuerdo la lluvia. Mi abuela tenía una granja en TotterBroock y solía decirme que Dios estaba en la lluvia.
Al acabar el colegio, ingrese en un Instituto para chicas, fue allí donde conocí a mi primera novia, se llamaba Sarah. Recuerdo sus muñecas, eran preciosas, creía que nos amaríamos eternamente. Recuerdo que nuestro profesor nos decía que era una fase adolescente que pasaría, a Sarah se le pasó, a mi no.
En 2002 me enamoré de una chica que se llamaba Cristina, aquel año se lo dije a mis padres, fui capaz porque Cristina estuvo a mi lado cogiéndome la mano. Mi padre no podía mirarme, me dijo que me fuera y que no volviera jamás, mi madre no dijo nada. Sólo les había dicho la verdad, ¿tan egoísta fui? Nuestra integridad vale tan poco, pero es todo cuanto realmente tenemos, es el último centímetro que nos queda de nosotros, si salvaguardamos ese centímetro somos libres.
Siempre supe lo que quería hacer con mi vida, y en 2015 protagonice mi primera película: Las Salinas. Fue el papel más importante de mi vida. No a nivel profesional, si no a nivel personal, porque conocí a Ruth. La primera vez que nos besamos sentí que no quería volver a besar otros labios que no fueran los suyos.
Fuimos a vivir juntas a un apartamento en Londres, sembró Violet Carson en los maceteros de la ventana, y toda la casa olía a rosas. Fueron los mejores años de mi vida. Pero la guerra norteamericana se recrudecía cada vez más. Hasta que finalmente alcanzó Londres. Después de eso no hubo más rosas; para nadie. Recuerdo como empezó a cambiar el significado de las palabras, palabras con las que no estábamos familiarizados como colateral y entrega, empezaron a dar miedo. Mientras que otras como fuego nórdico y artículos de lealtad empezaron a cobrar poder. Recuerdo que diferente pasó a significar peligroso. Aún no lo entiendo: ¿Por qué nos odian tanto?
Detuvieron a Ruth mientras hacía la compra. Nunca en mi vida he llorado tanto. No tardaron en venir a por mí. Es extraño que tenga que pasar el final de mi vida en un lugar tan horrible, pero durante tres años, recibí rosas y no tuve que arrodillarme ante nadie.
Moriré aquí, cada centímetro de mí perecerá, cada centímetro… salvo uno. Un centímetro, algo pequeño y frágil, y lo único que merece la pena conservar en el mundo. Nunca debemos perderlo o entregarlo, nunca debemos dejar que nos lo arrebaten.
Espero, seas quien seas que escapes de este lugar, espero que el mundo cambié y que las cosas mejoren, pero lo que espero por encima de todo, es que entiendas lo que quiero decir cuando te digo que aunque no te conozca y aunque puede que nunca llegue a verte, a reírme contigo, a llorar contigo o a besarte… te quiero, con todo mi corazón… te quiero.
Valerie

sábado, 30 de agosto de 2008

Tiene un despertar con luz...

Los viejos y sus miedos vencidos.
Los jóvenes y su pasividad desgajada.
Los niños y su esperanza.
México iluminado.


Fuí a la marcha, encendí la vela de muchos. Creí en mi país y en su gente, en la gente que sale a la calle a pedir paz. Aún con su falta de organización, con los voluntarios y mi torpe ayuda, con la lluvia, con las paradas, aún con eso creo que inicia un tiempo de despertar que nos cambiará para bien.

Fotos: Mías, menos la última que es de El Universal.




domingo, 22 de junio de 2008

066 Emergencia: toma 10 minutos de relax

Víctimas de la delincuencia somos todos. El Presidente Calderón insiste en que la lucha, especialmente, contra el narco, es una batalla dura y larga, pero que sus frutos serán maravillosos. Sin embargo, en esa lucha tan inexacta se les ha olvidado a las autoridades atender otros asuntos como los robos, asaltos. Claro, duro contra el narco y duro contra la piratería que las empresas se enojan porque ya no hay tanta ganancia, y los soldados (dicen) necesitan vitaminas. Vaya uno a saber si tal suposición desastrosa es real o no.
A los ciudadanos nos invitan a denunciar, a no quedarnos callados, a llamar al 066 y 060 para emergencias de seguridad y/o de cualquier tipo. Pero oh Dios, toma 10 minutos o a veces más que el 060 te conteste y el 066 (policía) pues de plano ni contestan. Mi instinto (ingenuo) me hace llamar siempre a estos números ante cualquier emergencia. Las dos veces (bueno tres ya) que vi asaltos, la ves que miré (mientras yo iba en el transporte a mi casa en vía rápida) como unos tipos abrían un coche estacionado frente a unos cines y un banco, la ves en que ayude a unos heridos después de un accidente en auto; hasta he denunciado a los policías por abuso de autoridad. Pero a eso, sólo he tenido respuesta en dos ocasiones y después de unos 10 minutos de insistencia. La ves que denuncie al policía por abuso de autoridad y que me pasaron creo que hasta el intendente y como vieron que no me daba por vencida me pasaron al Director de la policía, aún así sigo esperando que me llamen a declarar.
Y ayer, cuando le robaron una cadena de oro a mi hermana menor. Nunca había tocado en mi familia un robo y asalto; hicimos todo lo posible por perseguir a los ladrones, pero los comerciantes y taxistas se nos atravesaron en la persecución. Los delincuentes salieron golpeados por instinto en el momento en que mi hermana grito por mi madre y padre, además arañados y si hubieran caído en nuestras manos (íbamos 8 personas) quizá no estaría acá contándoles ahora esto. Ya saben, uno no puede hacer justicia por su propia mano, pero todos sin excepción hubiéramos puesto en práctica las clases de boxeo.
A lo que voy es a que nuestro número de emergencia (como supongo en muchos casos) es una mentada de nada. Que la delincuencia se organiza mientras Calderón le da duro al narco y los soldados van a la guerra sin fusil (nuestro Ejército no es bélico, su tarea es de apoyo en desastres naturales) y que la policía está para divertirse como hemos visto en múltiples videos. ¿Hasta cuándo la “sociedad civil” aguantará? No sé, espero se canse pronto y comience la organización sin recelo, sin dividirnos.
Mi propuesta, como he hecho algún par de veces, es que comiencen a organizarse en su comunidad, tengan los números de policías, de seguridad pública, de ambulancias y bomberos; pero como esto no es un respaldo pues hagan una policia vecinal. Hagan un grupo de vecinos que se apoye de verdad. El cambio no vendrá nunca de los políticos, a ellos no les afecta gran cosa esto porque salen con mínimo dos guaruras o aplican lo que Cárdenas; pero el ciudadano común necesita hacer algo y no es encerrarse en su casa.