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sábado, 14 de junio de 2008

La respuesta está en el tiempo igual que el invierno...

En verdad tenía una mejor manera para ir a la cama. O quizá fue ese detalle el que la dejó pensando en todas las posibilidades. Fuera como fuera ahora estaba dormida y callada.
Frida le había dicho que era demasiado pequeña para entender las “cosas”, que el significado de las “cosas” dependía de la visión de cada quién, pero esa noche no iba a pasar horas haciéndola entender. Ella primero se carcajeo. Al rato pensó que, sin saber de qué “cosas” hablaba, su hermana menor tenía razón.
En aquel momento sintió las ganas de lastimarse. Hace un tiempo adquirió una maña ¿extraña?: ante un dolor emocional deseaba provocarse uno físico, saber que existía y podía sufrir un poco más (cabe aclarar: el dolor físico consistía en estirar sus músculos lo más posible, sentir los huesos y la piel). No hizo nada, estuvo quieta y sólo apretándose el pulgar. Estaba loca. No había mejor motivo. Cualquier gente buscaría otro remedio.
Mañana llegará a su cabeza Mailer: “Hay una ley de vida, cruel y exacta, que afirma que uno debe crecer o, en caso contrario, pagar más por seguir siendo el mismo”. Entonces sabrá, entre dolida y esperanzada, que debe decidir –como todos– su jugada.
Sí, despertó y decidió que, aún con las ganas de reconstruir algunas “cosas”, se quedaría con lo que en verdad tenía, con lo que no se derrumbó. Odió mirar y darse cuenta de cómo alguna clase de personas van diciendo las mismas palabras a todas las demás. Y no, no importa nada, sólo odió mirar y la odió un poco y la quiso menos…
Crecerá.